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Candidatos republicanos atacan a su propio partido

Varios candidatos a puestos públicos están empleando una vieja estrategia de campaña: atacar el sistema establecido y calificarlo de corrupto. Geoff Duncan, un ex legislador del condado Forsyth y ahora candidato a teniente gobernador ha dicho: “Nuestro capitolio estatal es un desastre.

Seamos honestos, los intereses especiales dominan el show en ambos partidos”. Continúa diciendo Duncan, “los contratos son entregados para pagar favores. Ustedes los contribuyentes son dejados por fuera. Eso tiene que cambiar. Como teniente gobernador, lucharé por una reforma de ética para limpiar todo”.

El senador Michael Williams, también del condado Forsyth y candidato a la gobernación dice esto: “Es tiempo de destruir el capitalismo crónico, cortar las raíces a la elite y jugadores corruptos que orquestan esto…Nuestra campaña está respaldada por el poder de la gente, no cabilderos ni grupos con intereses especiales”.

El ex legislador de Atlanta, Hunter Hill, quien también está postulando a la gobernación dice que “los políticos de carrera apoyan el sistema actual para asegurarse de no ofender a los cabilderos ni los intereses especiales. Pero no entregan resultados”. Pero hay un problema con lo que expresan estos tres candidatos a servidores públicos; Duncan, Williams y Hill son Republicanos. Los tres están atacando el sistema actual que está lleno de republicanos.

Si de verdad hay tanta corrupción como ellos aseguran, entonces esto está ocurriendo en un gobierno manejado por su propio partido. Por los pasados 15 años, el gobierno de Georgia ha sido republicano. Los gobernadores han sido Sonny Perdue y Nathan Deal.

Desde el año 2005 los republicanos tienen la mayoría en ambas cámaras legislativas. Ninguna propuesta de ley es aprobada sin que los republicanos así lo deseen. Es más, en los últimos años, los republicanos controlan casi las dos terceras partes en ambas cámaras.

O sea que las críticas de Williams, Duncan y Hill tendrían sentido si el gobierno local estuviera en manos de los demócratas. Pero en cambio es su propio partido el que tiene el control casi absoluto desde hace casi 12 años.

Los comentarios y frases de estos candidatos en campaña, bien puede interpretarse como una dura crítica a sus correligionarios.

Es decir, con tal de ganar la simpatía de los votantes, estos candidatos no dudan en atacar a su propio partido.

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