ColumnistasFrancisco M. Durán Rosillo

Valió la pena el sacrificio

No soy de aquí ni de allá, dice Antonio Arteaga, frotándose su agrietada frente con sus manos cuarteadas por el concreto. Don Toño, como le dicen todos, trabaja en los Estados Unidos desde inicios de los 70’s, cuando llegó de su natal Zacatecas, con escasos 18 años.

Este inmigrante se puso en marcha hacia “el norte” solo con la bendición de su madre y una estampa del Santo Niño de Atocha en la cartera.

“Trabajando en el campo, perdí eso de la amnistía, pues de sol a sol no había tiempo para nada”, recuerda. Explica Don Toño, que hasta hoy se lamenta el haber perdido la oportunidad de haber arreglado su situación migratoria

Cuando decidió cambiar de trabajo, Don Toño se vino a vivir a Atlanta y desde entonces se dedica a la construcción, “pegando ladrillos”.

“Hay edificios que construimos y ocupamos casi 36 mil ladrillos o más”, es un trabajo pesado, pero por la falta de documentos no es fácil trabajar en otra cosa.

El contratista nos paga 10 dólares por hora y nos trae “en carrilla”, dice refiriéndose a que lo apuran para terminar el trabajo en determinado tiempo

Sin duda alguna, Antonio Arteaga se da cuenta que los años se le han venido encima y que su situación como indocumentado es cada día más difícil.

Lo irónico es que he pagado impuestos todos estos 48 años, pero a pesar de su edad no podrá recibir una jubilación por parte del Social Security.

Y ni hablar de cuidado médico o seguro de “unemployment”. Don Toño logró formar una familia de la cual nacieron tres hijos. Ellos son americanos por nacimiento al igual que sus ocho nietos.

Este hombre que está cercano a cumplir 70 años de edad es la imagen viva de miles de inmigrantes hispanos.

Me pregunta, ¿“será que después de trabajar casi 50 años haciendo estos trabajos duros, no merezco tener papeles? ¿No se compadecerá el gobierno de nosotros? ¿No nos abrirá ninguna puerta? Veo en sus ojos, en sus gestos que desea continuar con la avalancha de preguntas. Preguntas que estoy seguro se hace a sí mismo cada día, sin encontrar respuestas.

Lo miro directamente a los ojos, se me hace un nudo en la garganta y poniéndole la mano sobre el hombro le digo:

-“No se preocupe Don Toño. Algo bueno vendrá. Algún día el gobierno reconocerá su esfuerzo”.

Me sueno a mí mismo, hueco, inseguro, poco convincente…

Entonces forzando una sonrisa recompongo la voz para decirle, -esta vez con firmeza- “la esperanza es algo que nadie nos puede quitar”. Don Toño me devuelve la mirada, una sonrisa le ilumina el rostro y me responde. “Tiene razón amigo. Aunque yo no alcance a arreglar papeles, al menos por mis hijos y mis nietos, valió la pena el sacrificio”.

Francisco M. Durán Rosillo ha sido director editorial de cuatro diarios en México; redactor/ reportero en Televisa: reportero de El Norte de Monterrey; coordinador de investigaciones de Turner Network Television Latin America; autor de 3 libros y co-autor de 4.
Para mayor información puede abrir su página: https://sites.google.com/site/ franciscomduranrosillo/gallery

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