NacionalNoticias

Adolescente estuvo detenida por ICE en un centro para hombres

 

Una adolescente guatemalteca estuvo tras las rejas durante más de un mes en un centro de detención de mayoría masculina, con la única compañía de su padre.

La joven, llamada Astrid, miembro de la comunidad indígena k’iche, había sido detenida en febrero pasado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y conducida la Instalación Residencial del Condado de Berks, uno de los tres centros de detención familiar que quedan en el país.

Tras su liberación el pasado 23 de marzo, se han sabido detalles de esos 32 días en los que Astrid fue la única mujer en la instalación, rodeada de detenidos del sexo masculino.

La historia migratoria de Astrid y de su padre Arturo se remonta a febrero de 2015, cuando ambos fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza cerca de El Paso, en Texas.

Tras ser liberados y con una audiencia pendiente, en junio de ese mismo año un juez de inmigración emitió una orden final de expulsión para Arturo, por no haber acudido ante las autoridades para sus procedimientos migratorios.

De acuerdo con la abogada Carol Donohoe, de Aldea-The People’s Justice Center, una organización que ofrece a los niños, familias y otros refugiados inmigrantes acceso a una representación legal, esta segunda detención del padre y la hija fue “ilegal en múltiples niveles”.

Según trascendió, ICE realizó un “allanamiento” en el hogar que Astrid y Arturo compartían con otras familias inmigrantes en Easton, Pennsylvania. “Todos dormían cuando fueron despertados por ICE, que detuvo a varias personas en la casa”, dijo Donohoe.

Al parecer, los efectivos de ICE penetraron en la vivienda con la excusa de que buscaban a una persona específica, pero lo cierto es que detuvieron a muchos más, casi todos sin órdenes de expulsión ni antecedentes criminales.

Astrid y Arturo fueron enviados inmediatamente a Berks, que al igual que los otros dos centros de detención familiar que todavía permanecen abiertos -uno en Karnes City, y otro en Dilley-Berks, ambos en Texas- debería enfocarse en teoría en la detención de madres solicitantes de asilo junto a sus hijos, aunque en los últimos tiempos su demografía ha cambiado, con una amplia presencia de detenidos del sexo masculino.

En Berks, según Donohoe, ahora las familias detenidas están compuestas por padres y sus hijos, casi todos ellos también indígenas de Guatemala. De ahí que, durante el tiempo de su detención, Astrid haya sido la única mujer en toda la instalación, o una de las pocas.

“No puedo entender por qué elegirían detener a una niña de 15 años con su padre en un lugar de mayoría masculina -se preguntó Donohoe-. Ningún centro penitenciario permite que hombres y mujeres convivan, y mucho menos cohabiten niños de ambos sexos”.

Para Sheetal Dhir, una importante activista de Amnistía Internacional USA que abogó fuertemente por Astrid, la joven no solo había sido arrancada de su comunidad, sino que “estaba aislada y sola, sin amigos de su edad”.

Uno de los momentos más impactantes de su detención, fue cuando Astrid cumplió los 15 años. Entonces dos de sus profesores de la Easton Area Middle School le hicieron la visita y le llevaron algunos regalos. Prevenido de su carencia de artículos personales, uno de sus maestros le regaló una toalla de baño grande. Según Donohoe, la adolescente estaba encantada de tener una toalla que “cubría su cuerpo”.

En una entrevista telefónica con Rewire.News antes de su liberación, Astrid confirmó que al menos había duchas designadas para mujeres. “La única privacidad que tengo es cuando me ducho -relató la jovencita-. No me siento cómoda aquí”.

Durante ese tiempo, más de 78,000 personas firmaron una petición que exigía la liberación de Astrid y Arturo, quienes finalmente fueron dejados en libertad cuando la abogada Donohoe presentó solicitudes de asilo en su nombre.

Según Donohoe, Berks es un antiguo hogar de ancianos en el que desde el año 2000 son detenidas familias inmigrantes. Astrid y su padre compartían una habitación, pero también debían compartir los pasillos del centro con hombres y niños.

“Todo está abierto, todos se mezclan, hay salas comunes -dijo la abogada-. Y seamos claros, no se trata de cuestionar a los hombres detenidos allí ni de desacreditar a los padres y a sus hijos detenidos allí. Simplemente se trata de que es inapropiado”.

“¿En qué mundo es aceptable decir que está bien detener a una adolescente con hombres desconocidos, muchos de los cuales no hablan su idioma, y que entran y salen de las instalaciones? -se preguntó Donohoe- Imagínense a una niña de 15 años encarcelada junto a todos esos hombres”.

Por su parte, las autoridades se defienden con el argumento de que Berks “fue desarrollada para proporcionar un entorno seguro y humano para las familias, mientras pasan por su proceso migratorio”, y que este centro de detención familiar es “capaz de acomodar tanto a residentes hombres como a mujeres”.

“El tratamiento que le dieron [a Astrid] es innecesario, pero no sorprendente -puntualizó Miguel Andrade, director de comunicaciones de Juntos, una organización para los derechos de los inmigrantes con sede en Filadelfia que lleva tiempo batallando por el cierre de Berks-. Tengo miedo por jóvenes y mujeres como Astrid, pero también hay una gran preocupación por la continuación de la detención familiar. Estas son prisiones para familias que buscan asilo, un sistema que con Trump solo seguirá creciendo”.

“Berks es como un agujero negro”, concluyó Andrade.

Además de simples inmigrantes, como indígenas k’iche de Guatemala, padre e hija se enfrentan a una discriminación y una violencia institucionalizadas y generalizadas. Ahora, luego de la reapertura del caso por parte de un juez de inmigración y mientras se tramitan sus solicitudes, ambos no deberían estar sujetos a deportación, de acuerdo con las leyes nacionales e internacionales.

Fuente
Telemundo
Etiquetas
Mostrar más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *