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El exjefe de campaña de Trump, condenado a otros tres años y medio de cárcel

(EL PAIS) Paul Manafort, exjefe de campaña de Donald Trump, ha sido condenado a tres años y medio de prisión, por dos delitos que acarreaban una pena máxima de cinco años cada uno, en el segundo y último caso abierto contra él a raíz de la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre los vínculos del presidente Trump y su equipo con Rusia. La pena de 43 meses se sumará a los cuatro años que recibió la semana pasada por el otro caso, de fraude fiscal y bancario, y se restarán al total los nueve meses que ya ha cumplido. De modo que el ostentoso cabildero, que cumple 70 años en abril, recibe una pena total de siete años y medio de cárcel. La condena consuma la espectacular caída en desgracia de quien fue un poderoso consejero político conservador, que contribuyó a llevar a la Casa Blanca a cuatro presidentes republicanos (Ford, Reagan, Bush padre y Trump) y trabajó al servicio de controvertidos líderes internacionales.

La semana pasada, Manafort fue condenado a casi cuatro años de prisión, una pena muy por debajo de los 19 a 24 años que pedía la fiscalía en sus directrices. La pena impuesta por T.S. Elliot III de Virginia, veterano juez nominado por el presidente Ronald Reagan, fue una sorpresa para muchos, que esperaban un mayor castigo por los delitos de fraude fiscal y bancario que salieron a la luz durante la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre los vínculos de Donald Trump y su entorno con Rusia.

Donald Trump y Paul Manafort (Crédito: Getty Images)

A diferencia de la semana pasada, en esta ocasión Manafort sí ha pedido perdón por sus actos. “Quiero decirle ahora que lo siento por lo que he hecho y por las actividades que nos han traído hasta aquí hoy”, ha leído el acusado desde la silla de ruedas en la que se sienta por unas complicaciones con la gota que padece. “Me siento avergonzado y apenado por lo que he causado a mi familia, a mis amigos y a todos los que se han visto afectados por mi comportamiento”, ha añadido. “Déjeme que sea claro. Acepto la responsabilidad por las acciones que me han traído aquí hoy, y quiero pedir disculpas”.

También a diferencia del juicio celebrado en Virginia, los fiscales no habían pedido esta vez una pena específica. Pero tampoco habían solicitado una atenuación, ya que el acuerdo de cooperación que firmaron con el acusado quedó roto.

En una sorprendente derivada, poco después de hacerse pública su condena en Washington, se conocía que Manafort ha sido acusado en Nueva York, en un tercer caso, de fraude hipotecario y de otra docena de delitos, de naturaleza estatal. El nuevo caso garantizaría que Manafort ingrese en prisión, neutralizando un posible perdón por parte de Donald Trump. El presidente puede otorgar perdón por delitos federales, pero carece de esa competencia en casos de jurisdicción estatal.

Hasta la fecha, Trump no ha confirmado que sea su intención de utilizar su potestad de perdonar para evitar que su exconsejero siga en la cárcel, pero ha dejado la puerta abierta a ello, y se ha referido a Manafort como “un hombre valiente” atrapado en una investigación que califica de “caza de brujas”.

A la salida del juzgado de Washington, entre protestas de manifestantes contrarios a Trump, un abogado de Manafort ha realizado unas breves declaraciones en las que ha destacado que, de nuevo, otra juez ha reconocido que “no hay pruebas de conspiración alguna con Rusia”. Un mensaje, que coincide con la lectura que hace Trump del caso, y contra el que había advertido la propia juez Jackson, al dejar claro que no era esa la cuestión sobre la que le correspondía a ella pronunciarse, sino que es el objeto de la investigación de Mueller.

Este miércoles, el cabildero de altos vuelos se enfrentaba a hasta 10 años de cárcel, después de haberse declarado culpable el pasado 14 de septiembre de dos delitos de conspiración, cada uno castigado con hasta cinco años de cárcel: uno para defraudar a los Estados Unidos por ocultar los millones de dólares que ganó durante diez años al servicio de políticos ucranianos alineados con Rusia, y otro para corromper a testigos una vez fue acusado. Manafort, con una trayectoria de 35 años en campañas electorales, contribuyó a limpiar la reputación de Víctor Yanukóvich y a llevarlo a la presidencia de Ucrania en 2010. Obtuvo más de 50 millones de dólares por ello, pagos que ocultó en una treintena de cuentas bancarias en paraísos fiscales, según el dictamen del juez Elliot en el caso cerrado la semana pasada en Virginia.

En la apertura de la vista, la juez Amy Berman Jackson (nominada por el demócrata Barack Obama)  ha advertido de que la condena recibida por Manafort la semana pasada en Virginia no afectaría a la que habría de imponer ella. “Lo que suceda hoy no es ni puede ser una revisión de la sentencia que se impuso en otro juzgado”, ha explicado.

El caso que se ha resuelto este miércoles se centra en el trabajo de Manafort en Ucrania y sus contactos con su socio ruso Konstantin Kilimnik, los cuales se encuentran “en el corazón de lo que investiga la oficina del fiscal especial” Robert Mueller, según ha dicho en la vista la fiscalía. El FBI cree que Kilimnik tiene vínculos con los servicios de inteligencia rusos, aunque él lo niega. También está imputado Kilimnik por conspiración, pero es improbable que comparezca ante la justicia porque Rusia no extradita a sus ciudadanos.

Paul Manafort firmó un acuerdo de cooperación con Mueller, que hubiera evitado este segundo proceso penal, pero este acabó fracasado después de que la propia juez Jackson determinara que Manafort mintió reiteradamente durante las más de 50 horas de entrevistas que mantuvo con los investigadores. Mintió precisamente, según la juez, sobre asuntos “importantes” para la investigación de Mueller como sus contactos con Kilimnik. En concreto, sobre una reunión que mantuvieron en Nueva York, durante la campaña de Trump, en la que supuestamente se debatió una propuesta de resolución del conflicto en Ucrania y en la que, según un informe de la defensa filtrado a la prensa, Manafort habría entregado a Kilimnik datos de sondeos internos de la campaña electoral del hoy presidente.

Manafort fue jefe de campaña de Trump durante cinco meses, desde marzo de 2016 hasta que en agosto de 2016 fue despedido a raíz de las revelaciones sobre sus supuestos vínculos con el poder ruso. Por eso mismo, fue un objetivo central de la investigación de Mueller. Manafort y su segundo en la campaña, Rick Gates, se convirtieron en octubre de 2017 en los primeros acusados en el marco de la investigación de Mueller. De las 34 personas y tres empresas acusadas por Mueller en su investigación, Manafort es el que se enfrentaba a la mayor pena.

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EL PAIS
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Redacción La Visión

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