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Hace ochos años se promulgó una ley para proteger a la personas indocumentadas víctimas de delitos violentos que ayudaban a las autoridades. Mejor tarde que nunca, aunque sea un pobre consuelo, pero esta semana comenzaron a darse las visas categoría U para estas personas.
El retraso de tantos años es difícil de comprender. La explicación oficial dice que el Departamento de Seguridad Interna (DHS) debía coordinar la reglamentación de la ley con diversas dependencias federales y que eso lleva tiempo. ¿Ocho años? En este período se presentaron varias demandas judiciales para acelerar el lentísimo proceso y, ante las presiones, se otorgaron permisos interinos que de alguna manera detenían la deportación de la persona cuya petición para acogerse a la ley había sido aceptada. La ley firmada por Bill Clinton está basada en un principio similar a la Orden Especial 40 del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD), aunque en este caso la víctima que ayuda a las autoridades obtiene una visa especial con la que inicia un camino a la regularización. No sorprende que una ley que ayuda a los indocumentados haya quedado trabada por tanto años en la burocracia federal. La legislación otorga 10 mil visas para estos casos que van desde delitos de violencia doméstica a otros tipos de crímenes. El retraso dejó a decenas de miles de personas sin un recurso al cual tenían derecho bajo la ley. Los que pudieron acogerse al trámite interino, hoy deben volver a solicitar la visa U y reiniciar de cero la senda a la residencial legal. La visa tipo "U" de no inmigrante fue creada por el Congreso de Estados Unidos en octubre de 2000 y beneficia a extranjeros víctimas de crímenes y que quieran colaborar con las autoridades estadounidenses en el esclarecimiento de estos hechos delictivos. La lista de crímenes involucra violaciones de leyes criminales federales, estatales o locales, y que van desde asesinatos, violaciones, tortura, explotación sexual y chantaje, hasta manipulación de un testigo, obstrucción de la justicia y detención ilegal/ injustificada. La entrega de estas visas llega a buena hora, pero la satisfacción de que finalmente estén llegando no elimina el sentimiento de injusticia del largo proceso. |