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El presidente Alan García actuó rápidamente para disipar la sombra de la corrupción que amenazó con hacer tambalear su gobierno. El mandatario, ya experimentado en este tipo de casos, aprovechó la crisis para intentar revivir su desgastada imagen y sacar algo positivo.
La crisis surgió con el llamado "Petrogate", con cintas de audio donde se podía oír al ex primer ministro Jorge del Castillo en una turbia adjudicación de lotes de explotación petrolífera. El escándalo condujo a la renuncia en masa del gabinete, además de la Del Castillo. El martes juraron un nuevo gabinete y el flamante primer ministro, Yehude Simon. Este último nombramiento llamó la atención porque Simon surge de la izquierda y no es un correligionario del APRA ni tan cercano a García como lo era Del Castillo. Es más, Simon pasó ocho años en la cárcel durante el régimen de Alberto Fujimori por supuestos lazos con el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA). Simon, quien hasta ahora era gobernador de Lambayeque, ha hecho un llamado político a la oposición que en general fue bien recibido porque su nombramiento significa un cambio importante en el gobierno de García, aunque aún no se pueda determinar el significado de ese cambio ni el rumbo que seguirá. La presencia de Simon inyecta al gobierno una saludable cuota de sensibilidad social y apoyo al desarrollo regional, lo que representa un contraste con la política económica actual. Luego de asumir oficialmente la presidencia del Consejo de Ministros, Simon hizo un revelador anuncio: Señaló que antes de fin de año algunos ministros que han sido ratificados van a dejar el gabinete. El anuncio del premier llega en medio de las críticas y los cuestionamientos de líderes y congresistas de oposición, así como de dirigentes sindicales, quienes dijeron que esperaban más cambios en el nuevo gabinete ministerial que juró en la víspera en Palacio y que ha presentado solo seis nuevos rostros y 10 ministros ratificados. “Es más de lo mismo”, afirmaron entonces. El gabinete de cambio que muchos esperaban resultó compuesto – sorpresivamente – por 10 de los 16 ministros que renunciaron junto a Jorge del Castillo, lo que terminó por dar la sensación de que, luego de la más grande crisis afrontada por la administración aprista, nada, o casi nada, había cambiado, expresó la oposición. Solo seis caras nuevas e independientes llevó el nuevo premier al Ejecutivo: Óscar Ugarte, Carlos Leyton, Elena Conterno, Pedro Sánchez Gamarra, Carmen Vildoso y Remigio Hernani, este último un general de la Policía en retiro que nunca se mordió la lengua a la hora de criticar a quienes dirigen actualmente esa institución. Se quedaron, contra todo pronóstico, Ántero Flores-Aráoz, José Antonio Chang, Rosario Fernández, Verónica Zavala, Enrique Cornejo y Jorge Villasante, estos dos últimos los únicos apristas de militancia conocida. También continuarán en sus despachos José García Belaunde, Mercedes Aráoz, Luis Valdivieso y Antonio Brack, a quienes Simon dijo, en los días previos, que los necesitaba junto a él. Por otro lado, Simon Munaro confió en que su gestión contará con una tregua de 90 días por parte de los grupos políticos de oposición para llevar adelante el programa de gobierno que ejecutará como nuevo titular del gabinete ministerial. Anunció, además, que se recortarán los viajes de funcionarios al extranjero para financiar con esos recursos al equipamiento y modernización de las Fuerzas Armadas para luchar contra los remanentes del terrorismo. García hizo una hábil maniobra política para desviar la atención del escándalo hacia el nuevo primer ministro. Habrá que ver todavía cuál es su estrategia real tras este cambio. |