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La Corte Suprema de los EE.UU. jamás ha tenido un magistrado hispano en su mesa. Es hora para que el Presidente Barack Obama cambie la evidente invisibilidad de los latinos en el tribunal más alto de la nación. El argumento sencillo para que se nombre a un latino es que los hispanos somos el grupo demográfico más grande y de más rápido crecimiento en el país. Los hispanos somos el 15% de la población del país y para el 2050, uno de cada cuatro estadounidenses será latino.
Los hispanoamericanos tenemos posiciones en las juntas directivas de muchas de las corporaciones más grandes del mundo. Los latinos de este país encabezamos algunas de las mayores universidades y de sus instituciones culturales y artísticas más respetadas. Oficiales hispanos han escalado posiciones hasta los niveles más altos de las fuerzas militares y han llevado el peso de conducir ejércitos de estadounidenses en la guerra. En vista de esta creciente presencia, la ausencia de un hispano en el Tribunal Supremo es aún más notoria. Y la representación general de los hispanos en el sistema judicial federal - donde los latinos apenas somos el siete por ciento del total de jueces - deja abierto un gran margen para mejorar. Sin embargo, la cuota de latinos en la vida del país no es sólo un reclamo de números y de una representación justa. La nuestra es una historia sobre la evolución de la nación. Se trata de la historia trascendental que los latinos hemos escrito y escribimos a diario, en y a nombre de los Estados Unidos de América. Esta es una historia sobre la forma cómo hemos trabajado, y seguimos haciéndolo, para conducir a nuestra nación hacia la promesa de una unión más perfecta. Dichos sacrificios y contribuciones se han logrado a pesar de la discriminación y de grandes adversidades. Por muchas generaciones, los latinos hemos vivido, amado, luchado y muerto por este país. Esta lucha es una parte innegable de lo que engrandece a nuestro país. Y tenemos mucho más para dar en los años por venir. Instamos al Presidente Obama para que de nuevo haga historia y nos de un puesto, por primera vez en los anales de ese magno organismo, en esa mesa de la jurisprudencia que llamamos la Corte Suprema de Justicia. |