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La ecología es sin lugar dudas una de las áreas de mayor contraste entre el gobierno de Obama y su antecesor. Para muestra bien vale un botón, el gobierno de Bush obstaculizó la política promovida por California para controlar las emisiones de los vehículos automotores; la Administración Obama ahora extendió a nivel nacional esa misma política creada en nuestro estado.
Las nuevas normas anunciadas por la Casa Blanca son motivo de festejo para los estadounidenses que quieren proteger el medio ambiente y reducir el consumo de petróleo. La meta es bajar la emisión de los gases que causan el calentamiento global y la dependencia del petróleo al reducir el consumo de combustible. ¡Cómo cambia todo en poco tiempo! La industria automotriz hasta hace unos meses se escudaba en la necesidad de una norma federal para no cumplir con un ramillete de reglas estatales. Mejor aún si en el gobierno federal hay defensores de la industria e incrédulos del efecto invernadero como en el pasado. La industria, ahora que se debate entre la vida y la muerte, no le quedó más remedio que reverdecer y unirse a la histórica propuesta del presidente Obama. Quizás en esta reencarnación tengan más futuro que en el camino seguido. Los consumidores serán quienes paguen un recargo extra en la compra de vehículos para abonar por el costo de la tecnología necesaria. Aunque la diferencia de dinero debería ser cubierta por el menor consumo de gasolina. Nuestro país ha sido uno de los principales contaminadores del mundo y un obstáculo a las políticas verdes globales, ahora con estas nuevas normas está a la vanguardia entre las naciones industrializadas. Lo que ayer era vergüenza hoy y mañana puede ser orgullo. |