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Con respecto al gigantesco déficit fiscal que tienen los Estados Unidos de América determinados en los últimos años, déficit que va creciendo día a día, es necesario que los expertos en economía, en finanzas del gobierno, se empeñen en advertir públicamente, razonadamente, cuáles fueron los errores y, especialmente, fundamentalmente, cómo evitar más errores de ahora en adelante.
Son cifras astronómicas, difíciles de asimilar para una inmensa cantidad de gente, las que están marcando el déficit acumulado y que de ahora en adelante, de acuerdo con el presupuesto que acaba de someter el Presidente Obama al Congreso, será mucho mayor. Ese déficit tiene que cubrirse, o debe cubrirse, con el sacrificio del pueblo de los Estados Unidos de América. Y no sólo hay que tener en cuenta esto sino que está llegando el momento en que no se va a poder cubrir la deuda aunque haya espíritu de sacrificio. Hay un embargo acaso incalculable para las nuevas generaciones que deberán hacerle frente a ese déficit que mucha gente tiene que consultar las matemáticas para identificarlo y para ponerle nombre. Hay muchas personas que dicen “nosotros o nuestros hijos vamos a pagar esto”. Y no son dos generaciones las que están comprometidas, sino los nietos y los biznietos y quizás hasta los tataranietos. Dentro del sistema constitucional estadounidense, corresponde al Congreso de la República establecer los pesos y contrapesos con respecto al funcionamiento del Poder Ejecutivo y, concretamente, del presupuesto general de gastos. Hablando en términos prácticos debe aplicarse lo que en la intimidad de los hogares se tiene que hacer cuando los ingresos son inferiores a los egresos: “hay que apretarse el cinturón”, para decirlo en frase popular. Por supuesto, hay que saber qué es lo que se debe eliminar. |