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Por Isaac Bigio
La cumbre de UNASUR en Quito se centró en Haití contando con la presencia de Preval, presidente de dicha nación. Sin embargo, a ella no asistieron 8 de los 12 mandatarios que la conforman, entre ellos los dos socios sudamericanos de Correa en el ALBA (Morales y Chávez) y los presidentes de las dos principales republicas de la región (Argentina y Brasil).
Estas ausencias son significativas. Brasil encabeza a las fuerzas armadas de la ONU que ocupan Haití desde hace un lustro. Venezuela y Bolivia son los dos Estados que más han cuestionado la presencia de casi 20,000 tropas de EEUU en Haití aduciendo que Obama, en vez de buscar mandar personal para curar o socorrer a los damnificados, ha enviado a guerreros para “re-colonizarle” y buscar utilizarle como plataforma contra ellos. Preval avaló la presencia de las tropas extranjeras. La UNASUR no condenó la presencia militar norteamericana allí y se limitó a pedir que la reconstrucción post-sísmica esté a cargo de los propios haitianos. También aprobó dar $300 millones a los damnificados (dos tercios de esta suma en torno a un préstamo común que todos solicitan). Caracas informó que Petro-Caribe condenaba la deuda haitiana de casi $400 millones. Estos montos no son altos dado los billones de dólares que se requieren para reconstruir Haití, pero son cifras mayores a las donadas por EEUU. Uribe logró algunos puntos. Estuvo en Quito (pese a que ésta rompió relaciones con Bogotá) reiniciando conversaciones, y tendió puentes hacia Lugo a quien le secundó buscando extraditar a dirigentes de la Izquierda Unida paraguaya refugiados en Brasil. |