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EN BUSCA DEL ESPÍRITU NAVIDEÑO |
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Thursday, 23 December 2010 |
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Por Alejandra Milojevic MARIETTA. A sus cortas edades conocen muy de cerca las consecuencias de las políticas de inmigración que se aplican en el Condado de Cobb, pero a pesar del sufrimiento que han padecido en este último año y medio, aún reflejan esa inocencia infantil y la esperanza de que en esta Navidad llegue el espíritu de paz a su hogar. Los Domínguez son unos de las tantas víctimas del acuerdo 287(g) que, tal como lo han afirmando los defensores de los derechos civiles y humanos, no ha hecho más que separar a las familias y destrozar vidas. Y ellos lo han vivido en carne propia, ya que con quince días de diferencia, los progenitores fueron arrestados y encarcelados, quedando sus hijos a la deriva.
Ya en libertad y como jefa de hogar, Mercedes intenta hacer lo imposible para mantener a su familia unida y feliz, y aunque ha sido muy duro asumir dicho rol pues su esposo fue deportado, desea darles a sus seis hijos una Navidad especial, y confía en que más de algún Papá Noel le estreche una mano y les traiga lo que en estos momentos más necesitan como ropa de invierno y juguetes. CALVARIO RACIAL La pesadilla de los Domínguez comenzó el 14 de julio del 2009 cuando en Roswell Road en la ciudad de Marietta un policía detuvo a su esposo por manejar sin licencia, siendo enviado a la cárcel del Condado de Cobb, donde estuvo 20 días y luego, a la Cárcel de Alabama, donde firmó su sentencia definitiva. "Llevamos más de 10 años acá y todo funcionaba muy bien hasta que viniendo de su trabajo lo paró un policía por no licencia, no aguantó la estadía en la cárcel y firmó la deportación voluntaria. Él ha intentado cruzar la frontera en varias oportunidades, pero no ha podido", comentó Mercedes. Para mala suerte de esta familia, quince días más tarde, el 20 de julio, un oficial detuvo a la madre, según ella, sin motivo alguno. "No me detuvieron ni por luz ni por velocidad, sino que por puro racismo, porque estaba llegando a un estacionamiento cuando se me paró un policía al lado y me pidió licencia; le pregunté qué había hecho, e insistió en pedirme la licencia, entonces me respondió que estaba interrumpiendo el tráfico, pero yo estaba estacionada", recordó. Mercedes fue trasladada hasta la Cárcel del condado de Cobb, donde permaneció por un mes y luego a la Cárcel de Alabama, donde estuvo dos meses a pesar de advertirles a las autoridades del centro penal que tenía una bebé de cinco meses que alimentar. Hasta que un día un abogado consiguió su libertad. SUFRIMIENTO INFANTIL Sus seis hijos, ajenos al significado de la 287(g) o al Programa Comunidades Seguras fueron las principales víctimas de esta pesadilla, ya que luego que su madre fue detenida, debieron dividirse en dos grupos (ambos liderados por las hermanas mayores de 14 y 16 años) e irse a vivir con unas tías maternas. Situación que Suleima de 14 años recuerda con claridad. "Estábamos muy tristes por la situación, porque fue una injusticia, pero sabíamos que volveríamos a ver a nuestros padres, además estábamos tranquilas porque teníamos a nuestros hermanos con nosotros". Incluso cuando deportaron a su padre a Michoacán, Landi la hija mayor, sostuvo que "sentí mucha pena y nos queríamos ir con el a México", pero luego decidieron quedarse, porque "la vida allá es muy difícil y acá estamos acostumbradas, hemos crecido en este país". De hecho, las adolescentes bajaron sus calificaciones debiendo recibir terapias en las escuelas para superar el impacto de la separación familiar y aunque, en cierta medida han aprendido a vivir sin la figura paterna, las conversaciones por teléfono que con frecuencia tienen con su progenitor, les dan fuerza para seguir viviendo y mantener ese lazo que se quebró con su deportación. DESEOS DE NAVIDAD Mercedes debe acudir a firmar una vez al mes al Programa Comparecencia de Supervisión Intensiva (ISAP), contestar una llamada telefónica y recibir la visita de un agente de inmigración a su casa, como parte de las condiciones de su libertad. Además de entregar un listado de las actividades que realiza a diario. Actualmente trabaja limpiando casas o planchando ropa, dinero con el cual intenta mantener a su familia, "soy el sostén de mis hijos", dice. Pero muchas veces se siente impotente porque no le alcanza para cubrir las necesidades básicas, incluso la dueña de la casa donde vive la llevó a corte por atrasarse en el pago de la renta, "pero luego de saber mi situación me permite pagar en partes", sostiene. Si bien recibe estampillas de comidas, sus hijos están sintiendo las consecuencias del invierno, ya que no tienen ropa que les permita enfrentar las frías mañana mientras esperan el bus escolar, por eso para esta Navidad, apela al espíritu caritativo de las personas. "La Navidad pasada fue emocionante porque tras salir de la cárcel, en la iglesia me ayudaron a pagar la renta de la casa donde vivo y nos dieron regalos para mis hijos. Pero este año, más que regalos, necesitamos ropa de invierno, porque cuando los niños están en la parada del bus para ir a la escuela, sienten mucho frío porque no tienen ropa que les abrigue".
PARA AYUDAR A LA FAMILIA DOMÍNGUEZ COMUNICARSE AL 770-419-4947 |
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