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HOUSTON (AFP). Un inmigrante ilegal mexicano convicto por matar a unas 15 personas en Estados Unidos, fue ejecutado ayer en Texas, convirtiéndose así en el vigésimo tercer ejecutado en Estados Unidos en lo que va del año. "Fue pronunciado muerto a las 08H05 (0105 GMT el miércoles)", dijo a la AFP un funcionario de la prisión estatal en entrevista telefónica desde la ciudad de Hunstville, al norte de Houston. El funcionario dijo que familiares del convicto Angel Maturino Reséndiz y de sus víctimas observaron el procedimiento desde afuera de la cámara de ejecución. Reséndiz declinó el ofrecimiento de una última comida.
El prisionero de 46 años, conocido como "el asesino del tren", recibió una inyección letal luego de que la Corte Suprema negara una apelación de sus abogados, que alegaban insania como factor para eximirlo de la ejecución. En su última declaración, el condenado dijo que aceptaba su castigo y pidió perdón a los familiares de sus víctimas. "Sé que le permití al diablo gobernar mi vida", dijo Reséndiz. "Solo les pido a ustedes que me perdonen y le pido al Señor que me perdone por permitir que el diablo me engañe. Le agradezco a Dios por haber tenido paciencia conmigo", añadió. El gobierno de México lamentó la ejecución. "La Secretaría de Relaciones Exteriores lamenta informar que (...) fue ejecutado en la prisión de Hunstville, Texas, el nacional mexicano Angel Maturino Reséndiz", afirmó un boletín oficial emitido media hora después de la aplicación de la pena capital. La cancillería mexicana consideró que "la ejecución se llevó a cabo a pesar de que existía evidencia médica sobre severos trastornos mentales que padecía el connacional y que, en principio, debieron excluirlo de la aplicación de esta pena". El gobierno mexicano, junto con la defensa del condenado, había apelado la sentencia a muerte contra Maturino Reséndiz, pero sus recursos fueron desechados. Incluso presentó el mismo martes un recurso ulterior de revisión y suspensión, que tampoco fue aceptado. La familia del mexicano ejecutado consideró injusta su muerte y expresó su esperanza de que sus órganos puedan ser donados, como él dispuso. "Para nosotros como familiares no es justo, pero no está en nuestras manos cambiar las leyes de otro país... Por desgracia esto ocurrió en Estados Unidos, ya que en México no hay pena de muerte", declaró a la AFP en México Agustina Solís, tía de Reséndiz. Sin embargo, para la familia la aplicación de la pena capital cortó también su sufrimiento sostenido por saberlo en prisión acusado de terribles homicidios. "Fue injusto, pero de haberle otorgado el perdón estaría lejos de sus familiares y privado de su libertad por siempre, espero que sus órganos sean donados cómo él lo dispuso", añadió la mujer vía telefónica, aunque desconocía si la inyección pudo afectar ese último deseo. El homicida cometió la mayoría de sus crímenes a fines de los '90, cuando viajaba a la deriva por el país en trenes de carga. Muchos de sus asesinatos sucedieron cerca de las vías de ferrocarril. Se convirtió en el vigésimo tercer ejecutado en lo que va del año en Estados Unidos. |