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Devastación en Acapulco PDF Imprimir Enviar nota a un amigo
Monday, 19 February 2007

Por Roberto Ramírez Bravo

El alcalde del puerto mexicano de Acapulco, Félix Salgado Macedonio, es un hombre que habla mucho, pero que en realidad hace poco; es un revolucionario de palabra, pero sus hechos lo traicionan.

Con una historia personal sui generis, que lo llevó desde la tranquila posición de ser editor de un pequeño periódico en Iguala, a las ligas mayores de la política como diputado federal, Salgado Macedonio cobró fama al llevar al Congreso, envueltas en costales, las boletas parcialmente quemadas que demostraban un fraude contra su candidatura.

Fue legislador 12 años consecutivos –de la diputación al Senado, y del Senado otra vez a una diputación, aunque no se conoce un trabajo legislativo suyo- antes de ser presidente municipal. Se le recuerda también porque a nivel nacional las televisoras difundieron una imagen suya cuando, pasado el informe del entonces presidente Ernesto Zedillo, protagonizó, completamente borracho, una riña con policías. Su excusa de ese hecho fue que los policías le habían empinado la botella para hacerle una mala pasada.

Ahora gobierna Acapulco con más pena que gloria.

Pero el problema no son los antecedentes, sino su forma actual de gobernar.

En la zona turística del puerto se construye un mega estadio, Mextenis. El propietario es Alejandro Burillo Azcárraga, primo del dueño de Televisa, el principal monopolio televisivo de México, Emilio Azcárraga Jean. La obra destruirá 25 metros de manglares de la Laguna Negra de Puerto Marqués y con ello violará la recién aprobada Ley de Protección del Manglar. Además, según denunció públicamente el propio alcalde, escondida en la construcción de la obra, se levanta una unidad habitacional de lujo sobre la cual no hay registro ni permisos de la autoridad.

Pero el fin de semana se reunieron con él Raúl Zurutuza, director general de Mextenis, y Erwin Godínez. “No me voy a pelear con los Burillo, con los Azcárraga, por supuesto no voy a sacar pleito con ellos”, explicó el alcalde y cambió de opinión respecto a la obra. Erwin Godínez no es cualquier persona, es uno de los inversionistas que, según sus propias palabras, metió más dinero a la campaña de Salgado para la alcaldía.

El alcalde asumió el compromiso de la empresa de hacer ajustes para respetar la ley ecológica, pero en los hechos eso es letra muerta.

Otros consorcios ya antes le han hecho lo que se dice “manita de puerco” al edil, obligándolo a aceptar las irregularidades de sus empresas.

Uno fue la tienda de autoservicios Aurrerá –filial de Walmart-, que se levantó en Avenida Universidad en una zona donde era inviable de acuerdo al Plan Director de Desarrollo Urbano, pero sus constructores actuaron con tal prepotencia que tenían terminado el inmueble y no habían obtenido del municipio la licencia de construcción. Acompañado de reporteros, el alcalde fue al lugar para clausurarla, pero dos días después estaba cortando el listón inaugural.

Lo mismo sucedió con la tienda Comercial Mexicana, que se construyó en la zona turística. Tantas fueron sus irregularidades, que el ayuntamiento le negó el permiso, pero de todas maneras los trabajos siguieron. Salgado Macedonio volvió a anunciar su cancelación, pero al igual que antes, a los pocos días estaba inaugurándola.

Un restaurante en La Costera invadió la banqueta. Como tal violación es considerada grave por el reglamento, el ayuntamiento inició un juicio penal, pero luego los empresarios aceptaron dar un millón de pesos al DIF –que maneja la hija del alcalde, Evelyn Salgado- y la banqueta sigue invadida. De todos estos hechos, Salgado Macedonio no ha informado a la ciudadanía las razones por las cuales ha permitido estas obras irregulares.

Su gran excusa es que él es un gobernante democrático, sencillo y carismático.

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