Francisco M. Durán Rosillo

CÓMO CONOCÍ A ‘CHILITO’ Y ‘FRIJOLITO’

‘Chilito’ y ‘Frijolito’ no son personajes fruto de mi imaginación, los conocí a ambos y algo me enseñaron. Conocí a ‘Frijolito’ en una fiesta hace ya muchos años, cuando él tendría aproximadamente unos 10 años y era de piel blanca y subidito de peso.

Al principio no pude identificar de dónde era, pero cuando el niño me dijo “tienes cara de chango” me dije a mí mismo, “sí es de los míos, es mexicano”.

Estábamos en una fiesta perfectamente ambientada, con las canciones clásicas de una fiesta de mexicanos, “Despacito”, “El Rey”, “Con México en la Piel” y muchas más. Y de comer ni se diga, parecía concurso gastronómico con una variedad de platillos que era difícil decidir por cual empezar.

Las mujeres que estaban en la fiesta, reunidas en grupitos hablando de modas y otros temas muy “importantes” de farándula.

“¿Pero los niños mi amor?”, me preguntó mi esposa. “Déjalos jugar se divierten entre ellos”, le contesté sonriente. Después de un rato, quise ver cómo le iba a nuestro hijo con los otros niños y fui al garaje en donde estaban jugando. Casi me desmayo de la impresión. Los niños habían vaciado botes de pintura, y las cosas que había en esa habitación estaban regadas por todos lados.

El que lideraba el grupo, era ‘Frijolito’ que al verme sonrió como con aire de triunfo con toda la ropa y cara manchada de pintura.

Yo no sabía su nombre ni que era el hijo de los dueños de casa, pero debía intentar detener a los niños, así que decidí llamarle ‘Frijolito’.

Con un tono de angustia le dije: “’Frijolito’ deja de tirar la pintura porque esta no es nuestra casa”. El niño se volteó con gesto de “tú quién eres”, aventó la tapa de la lata de pintura a otro niño y me dijo “tienes cara de chango”.

Enseguida se soltó riéndose a carcajadas y todos los otros niños se rieron también. Me quedé sin saber qué decir o hacer y más aún viendo que mi hijo era parte del grupo y que también se río mucho. De regreso a casa le conté lo ocurrido a mi esposa quien también se rio a carcajadas. “Los niños siempre dicen la verdad”, me dijo y acabe riéndome yo también.

Cuando le platiqué a su papá lo que me había dicho también se soltó riendo y me dijo “a mí me las ha soltado peores. Timo es muy ocurrente”. El nombre de frijolito era Timoteo. Años más tarde, conocí a Larry Cortés, hijo de una pareja de amigos nuestros. A Larry sus padres le decían de cariño, ‘Chilito’.

El sobrenombre no era porque el niño fuese “ocurrente” sino porque al niño le gustaba mucho el picante con la comida. Sus padres, Domingo y Cynthia, estaban sumamente preocupados porque su hijo fuera muy respetuoso con los mayores.

Cuando me pidieron que los orientara sobre la escuela del niño, conocí a ‘Chilito’ y fue tan dulce que me dijo “usted es muy bueno y gracias por ayudarme”.

Las generaciones crecen y la educación académica puede depender de las escuelas a las que asisten. Por mi parte aprendí mucho de ambos niños. Timo, ‘Frijolito’ dominó desde su infancia tres idiomas, francés por la mamá; español por el papá; e inglés por vivir en los Estados Unidos. Estudió en las mejores escuelas. Creció, logró graduarse y aun ahora sigue teniendo un comportamiento irrespetuoso con los demás.

“’Chilito’ por su parte, logró a base de mucho esfuerzo, convertirse en profesional. Tanto de niño, como ahora de adulto sigue teniendo el mismo comportamiento respetuoso con todos.

Esto me confirma que lo más importante es la educación que los niños reciben en casa, de sus padres.

Por otro lado, cada vez que me miro en el espejo, ¡me acuerdo de lo que me dijo frijolito y no puedo menos que sonreír!

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