ColumnistasHugo Rolando Briseño

La educación abre fronteras

Amigo lectores, acabo de regresar de Laredo, Texas, unas 880 millas por la ruta más cercana de mi casa.

Comencé el viaje tratando de concentrarme en la carretera, pero mi mente viajaba a otro tiempo en mi vida. Dos familias con raíces en Nuevo Laredo y Tamaulipas, hicieron un viaje del cual no iban a regresar.

Como si fuese una máquina del tiempo, se transportaron a un mundo de gente extraña que hablaba otro idioma.

Así a diario miles de hombres y mujeres, familias enteras desafían la frontera dejando todo, buscando mejor vida. Es como si los que desean cruzar hacia este país lo vieran como la tierra prometida. Pareciera que se remontan a los tiempos bíblicos.

Lo que llevaban los adultos de esas familias para abrir puertas, era lo que habían aprendido de sus padres. En esos tiempos la educación no estaba al alcance de todos. En algunos ejidos o caseríos iba un profesor a caballo con sus libros a tratar de enseñar las primeras letras no solo a niños, sino también a los adultos.

Y esa escasa educación parece haber sido la puerta al futuro para muchas familias. Lo que habían aprendido era la clave para el comienzo a una nueva vida, pero siempre pensando en el “Norte”. Algunos -la mayoría creodecidieron irse solos y dejar esposa, hijos padres en el pueblo, angustiados pero esperanzados. Otros en cambio, decidieron partir con la familia entera. Temerosos, pero juntos, apoyándose entre todos.

Y abrieron brecha y por los caminos más difíciles y con mucho sacrificio lograron cruzar para lograr “El sueño americano”.

En México habían sido gente dedicada a la agricultura y la cría de ganado.

Ya de este lado, se dedicaron a trabajar en los trabajos más humildes, pero siempre pensando en una mejor educación, un mejor futuro para sus hijos.

A pesar del tiempo que ha transcurrido, actualmente las cosas no han cambiado mucho.

La mayoría de los inmigrantes que pasan la frontera, son descendientes de agricultores, gente de campo.

Pero ahora esos mismos caminos están mucho más vigilados, el futuro es más incierto. Por eso es importante que los que descendemos de esos inmigrantes, utilicemos el tiempo para edificar una vida nueva.

La educación abre las puertas de la meta más grande que ustedes deseen alcanzar. Muchos de nosotros logramos la meta de nuestros padres, crecer o nacer en este país y llegar a tener una profesión. Ese es mi caso, ser agente de la frontera llenó de orgullo a mis padres y a mis propios hijos.

Creo que la educación que me dieron con tanto sacrificio y los valores que me inculcaron me hicieron defender las leyes de este país. Pero al mismo tiempo nunca olvidé mis raíces, ni mi idioma, ni mis costumbres y el gusto a nuestra comida. Acuérdense siempre que la educación es la llave que abre otro tipo de fronteras.

Hugo Briceño sirvió 40 años en la Patrulla Fronteriza, posteriormente fue agente especial y trabajó en operativos conjuntos con la DEA, el FBI y otras agencias. También fue instructor en la Academia de Entrenamiento de Agentes Federales del Law Enforcement. A través de esta columna narra sus experiencias en exclusiva para el Periódico La Visión.

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