Leticia Treviño

El 2020: la certeza de la incertidumbre

De acuerdo con el documento del Bank of America Merrill Lynch (BofAML) llamado Transforming World: The 2020s, la próxima década, independientemente si inicia este año o el próximo, será de “picos”.

Pico en la globalización, desigualdad, demografía, petróleo, automotriz, y del mercado de cosas. La demanda mundial de petróleo se estabilizará a medida que nos alejamos de los combustibles fósiles hacia energías renovables y vehículos eléctricos; disminuirá el número total de vehículos de motor de combustión interna en la carretera; nos aproximamos a hacia la economía compartida (como la de Uber). “Una población que envejece rápidamente desafiará los sistemas de pensiones y atención médica y, para 2035, la automatización robótica podría desplazar hasta el 50 por ciento de los empleos. Sin una acción firme, el mundo podría alcanzar un punto de inflexión irreversible para el final de esta década a medida que aumentan las temperaturas globales y el planeta agota su presupuesto de carbono. Todas estas tendencias afectarán cuestiones sociales como la desigualdad y la inmigración, así como problemas de salud y ambientales como pandemias, contaminación, etc”, señala.

El documento es una guía para inversores por lo que las problemáticas sociales las menciona de manera tangencial. “En los próximos 10 años deberíamos ver una mayor automatización, una recesión

global, una innovación sin precedentes, serios desafíos ambientales, la muerte de la flexibilización cuantitativa, cambios tectónicos, en la demografía y el fin de la globalización”, dice BofAML.

Ante los dilemas éticos relacionados con la desigualdad y descontento social por la pobreza, discriminación y falta de equidad, pongo a su consideración cinco reflexiones que pueden guiar nuestra visión futura y vinculación con los demás. La primera es el concepto del progreso, etimológicamente (del latín progressus), es la acción de ir hacia adelante. En teoría se supone que conduce a mejorar la calidad de vida a través del aumento de los bienes y servicios puestos a disposición de la sociedad. A mayor avance en lo material y en el consumo, habrá mejoras en la cultura y la ética. En esto radica, en esta concepción, la felicidad. Sin embargo, parece haber consenso al menos entre los humanistas en que el progreso tiene que ver con la responsable relación del hombre con el ambiente, tecnología y los demás. La relación entre lo deseable y lo posible es lo que proporcionará el límite al crecimiento. La conexión entre autonomía y razón. Prioridad a la sabiduría de vida más que al conocimiento. Vida plena, vida feliz.

La segunda es el sentimiento de fragilidad humana ante la fuerza del impacto tecnológico y manifestaciones del Estado lo que llevará al cuestionamiento del universalismo vs. particularismo. Énfasis a lo local, a lo personal.
La tercera y como consecuencia de lo anterior, hay más conciencia de la necesidad de participación ciudadana como medio de expresión ante el poder político y económico. Surgen nuevos colectivos y formas de expresión en espacios públicos y redes sociales. Como señala Zygmund Bauman: “La comunidad debe asegurarse de que todos estén a salvo de las catástrofes de la vida”. La cuarta, hay necesidad de proteger la libertad, el entorno y la verdad.
El mundo inquieto demanda seguridad, equidad, respeto y vínculos de confianza.
La quinta y última en esta reflexión editorial es la mayor, pero no mejor, comunicación. Tenemos más espacios, mejores redes, más herramientas, pero menos capacidad de entender y de empatizar con los demás.
Tal vez lo único cierto, siguiendo con Zygmund Bauman, es la certeza de la incertidumbre, la modernidad líquida, en la que todo es inestable: el trabajo, el amor, la política, la amistad; los vínculos humanos son provisionales, y el único largo plazo es uno mismo, no hay tiempo para que ninguna idea o pacto solidifique. Este enfoque ya forma parte de la filosofía de vida: hagamos lo que hagamos es de momento, por ahora.
Sin embargo, no perdamos la esperanza, es el hombre quien tiene la libertad de decidir. El amor, la compasión y el bien deben prevalecer.

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