ColumnistasRogelio Ríos

México, China y USA

En todo tipo de triángulo, sea amoroso o político, la peor posición es la del más débil que queda expuesto a los dos más poderosos, e indefenso ante lo que ellos hagan.

México parece estar en esa ubicación bastante incómoda al pararse en medio de la agria disputa comercial entre China y Estados Unidos. Tiene un papel de testigo casi mudo de los insultos y barreras arancelarias con las que se atacan Beijing y Washington.

¿Qué pueden hacer los mexicanos? ¿Cuál es el margen de maniobra de su gobierno, de sus empresas y sectores exportadores? El Banco de México (Banxico) advirtió en un reporte reciente sobre el primer trimestre del año, que persisten los riesgos con sesgo negativo para la economía mexicana, entre ellos, la prolongación de la disputa comercial entre los dos colosos de la economía internacional.

La volatilidad de los mercados financieros, el freno al crecimiento de algunas economías y la existencia de zonas de riesgo geopolítico elevado, son un coctel peligroso para los mexicanos, advirtió Banxico.

Traducido al buen español, lo que preocupa a los funcionarios del Banco de México es que la inflación regrese a niveles elevados en México y golpee a los salarios, y que la ratificación del T-MEC, el nuevo tratado que reemplaza al TLCAN, se dilate aún más en el Congreso de Estados Unidos.

Pero, ¿qué tiene qué perder México en la disputa entre China y Estados Unidos? Los mexicanos no tienen realmente una postura hostil hacia los chinos ni el intercambio comercial México-China se ve afectado o se paraliza por disputas políticas.

De hecho, ante la incertidumbre que desde hace un año, aproximadamente, se dio en torno a la cancelación del TLCAN y su sustitución por un nuevo tratado, ya hubo un buen número de empresarios mexicanos que optaron por buscar nuevos mercados.

China, en el horizonte, luce como una nueva tierra prometedora. Shenzen, el Silicon Valley chino, ya es un destino regular de negocios para los mexicanos, y si usted se da de alta en Alibaba. com, tendrá al alcance de un click una variedad fantástica de productos chinos cuya tecnología es de última generación.

En Monterrey, la capital industrial de México, ya es común la presencia de hombres de negocios chinos y japoneses, y la comunidad coreana se cuenta por miles de residentes, después que KIA Motors instalara en 2015 una planta automotriz en esa ciudad. La presencia de hombres de negocios de Corea del Sur es importante en Tijuana, Guadalajara y la Ciudad de México, además de Mérida, en el sur, a donde llegaron los primeros coreanos hace más de 100 años.

Así que, si se cierra una puerta, se pueden abrir otras. A nadie en el mundo le conviene, por supuesto, una guerra comercial como la de China y Estados Unidos, pero no pueden los mexicanos quedarse cruzados de brazos esperando a ver si hay o no una reconciliación entre ellos.

El Presidente Donald Trump y el Presidente Xi Jin Ping tienen al mundo en vilo. La escala de su disputa es el planeta entero. Lo peor de todo es que, en este momento, sigue el estancamiento en sus negociaciones comerciales y no se ve ni para cuándo habrá un arreglo.

Lo de menos es echarle la culpa a uno u otro bando, pues de cualquier manera la situación para México es negativa. Lo más curioso de esto que la disputa comercial China- Estados Unidos no es hoy un tema central en la opinión pública mexicana y en el Gobierno de López Obrador las preocupaciones se orientan a los migrantes que atraviesan México y a impulsar sus políticas internas.

Se ve una fuerte tendencia en México a encerrarse en sus problemas nacionales, a darle una atención mínima a problemas como la crisis de Venezuela, el nuevo enfrentamiento entre Cuba y Estados Unidos, etcétera.

Qué pena que así sea, pues el mundo de hoy está interconectado en todos los aspectos. No hay manera de esquivar los sunamis que China y Estados Unidos provocan con su disputa: hay que hacerle frente a la tormenta.

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