ColumnistasHugo Rolando Briseño

Mi primer caso al llegar a Atlanta

Estimados lectores, aquí les comparto mi relato de cómo llegué a la ciudad de Atlanta, capital de Georgia.

Era noviembre de 1987 y había sido promovido de agente de la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) a Agente Especial de la agencia Special Agent of ICE. Mis papeles estaban listos, excepto mis armas y mi batch (credencial metálica) que me la entregaría el Director de Circuito, Thomas P. Fisher.

En cuanto arribé en Atlanta, me dieron mi arma y mi chaleco antibalas y nos fuimos de emergencia a contener el motín de reos cubanos en la Prisión Federal de Atlanta. Órdenes: resguardar a policías antimotines y estar detrás de ellos para traducir del español al inglés las peticiones de los reos.

Solo se podría usar el arma en un caso de vida o muerte, pues había varios reos importantes en aquella época.

“No Queremos Patria y Libertad, No Queremos Patria y Libertad, Fidel Castro nos fusilara” exclamaban desesperados los amotinados Se les había anunciado una repatriación y por ello iniciaron el motín alternado con una huelga de hambre.

Los presos duraron varios días reclamando hasta que el grupo se dividió y el problema se fue resolviendo poco a poco Así inicié mis funciones como investigador y me di cuenta que el hablar español me sería de mucha utilidad en mi nuevo trabajo.

Precisamente porque hablaba español, me destinaron a un área en donde había muchos hispanos.

Me refiero a Doravile, en Chamblee.Los jefes me indicaron que en esa parte de la ciudad había aumentado mucho la venta de documentos falsos.

Los inmigrantes indocumentados eran presa fácil de los falsificadores y en su afán de conseguir trabajo pagaban miles por esos documentos.

Inicié la investigación llegando a la zona y acercándome a los latinos que estaban parados en las afueras de varias tiendas. Como me veían hispano como ellos, no desconfiaban así que me acerqué a un grupo de cuatro hombres con ropa de trabajo. “¿Qué onda bato?”, me preguntó uno de ellos.

“Aquí ando buscando trabajo”, le contesté y le extendí la mano para saludarlo, preguntando “y ustedes, ¿qué de qué?” Choqué los puños con los cuatro y el que había preguntado me informó que como el día estaba lluvioso no habían ido a trabajar.

Otro de ellos intervino preguntándome si tenía papeles para trabajar y preguntándome ¿“cuál es tu jale? ¿En qué la mueves?” Les dije que acababa de llegar de otro estado y que podía trabajar en lo que fuera y que un paisano me había dicho que preguntara por ahí. Insistieron en preguntarme si tenia papeles y me animaron a confiar en ellos.

Les conté que no tenía papeles pero que me urgía trabajar porque tenía que mandar dinero a mi esposa y niños. “Pues si no tiene la tarjeta verde y un social, no vas a poder trabajar”, me dijeron.

Al ver mi cara de desaliento, agregaron: “No te apures, aquí hay unos cuates que te las consiguen hoy mismo”.

El que había hablado me preguntó si traía “lana” porque me dijo que “la tarjeta verde y el social te salen en $1,500 dólares”.

Agregaron que, si quería una licencia para conducir, pues ya era más caro.

Les dije que no tenía ese dinero pero que de todas formas quería conocer a los que preparaban los documentos.

Como insistí en saber cómo eran los documentos porque no quería tirar mi dinero, me contaron cómo las fabricaban. “Usan el nombre y social de una persona verdadera, pero te hacen la tarjeta con tu foto y al social le ponen tu nombre”. Volví a insistir en que quería conocer el lugar y a las personas, pero empezaron a mirarme con desconfianza y con cara de pocos amigos.

Les dije que trataría de conseguir el dinero y volvería en unos días más y me fui justo cuando empezaba a llover. La continuación de este caso, se los contare la próxima semana.

Hugo Briceño sirvió 40 años en la Patrulla Fronteriza, posteriormente fue agente especial y trabajó en operativos conjuntos con la DEA, el FBI y otras agencias. También fue instructor en la Academia de Entrenamiento de Agentes Federales del Law Enforcement. A través de esta columna narra sus
experiencias en exclusiva para el Periódico La Visión

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