Bárbara DoloresColumnistasEspectáculos

El chisme no tiene la razón

Mi entrañable amiga Paquita De los Ángeles tuvo la fortuna de cumplir 45 años en medio de una linda fiesta sorpresa que le organizó el afortunado de su marido Leonel.

Fui una de las invitadas a tan agradable reunión de hombres y mujeres latinos, donde todos le cantamos el feliz cumpleaños y saboreamos un exquisito asado argentino, además de bocadillos y pastel. Mi Paquita es linda; y no solo lo digo por su belleza externa sino por su calidad de persona.

Aunque La Paquis y yo nos llevamos muchos años de diferencia, siempre la he considerado una excelente amiga mayor, madre y excelente consejera.

Se hecho, Paquita, ha sido mi paño de lágrimas en más de una ocasión.

Recuerdo cuando el tonto de Arthur me dejó plantada el día de nuestro matrimonio civil. Mi gran Paquita lo buscó por cielo y tierra y le armó un lío de Sanquintín. Aunque en el fondo mi ex galán de cuarta, me hizo tremendo favor -además aquí entre nos- no iba a aguantar a la insportable de mi “exsuegra” y su obesión por cocinar platillos complicadísimos cada día. Bien dice aquel Viejo refrán: “Dios sabe lo que hace”.

El asunto es que el día de su fiesta de cumpleaños, Paquita lucía linda como siempre; sin embargo, debemos reconocer está un poco subida de peso. Y es que la pobre trabaja duro en un full time, se encarga del cuidado de los niños y las labores domésticas. Me pregunto ¿a qué hora podría hacer ejercicios con ese ritmo de vida?

Estando dentro de la fiesta, una de sus amistades criticó su exceso de peso. Una “falsa” amiga incluso le preguntó si estaba esperando a la cigueña. A Paquita se le subieron los colores al rostro, se sintió incómoda y declinó a contestar tal imprudente pregunta.

Pero ella, como siempre es brillante para hablar; levantó un copa de vino y le dijo: “Salud porque tenemos vida y por los buenos tiempos como este”. De un solo sorbo terminó la copa llena de vino y puso fin a los rumores de un posible embarazo “a destiempo” que había surgido en plena fiesta.

Los rumores infundados son así. Nacen, se esparcen, se convierte en un desagradable chisme generalizado en el que nosotras mis queridas amigas no debemos participar.

Aquel día Paquita se sintió avergonzada de sus libritas demás y yo aprendí a callar. Como decía mi abuelita Lolita: “Barbarita, calladita te ves ,más bonita”.

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