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Arizona elige a una demócrata para el Senado por primera vez desde 1988

(EL PAIS) Casi una semana después de las elecciones legislativas, dos importantes Estados siguen sin haber cerrado sus recuentos, sin proclamar ganador, y ya se han iniciado batallas legales. Florida no tiene sellada su carrera al Senado ni a la casa del Gobernador.  En Georgia, la demócrata Stacey Abrams se niega a darse por vencida a pesar de que su contrincante, el republicano Brian Kemp, le saca una diferencia de 60.000 votos y ya ha cantado victoria. A última hora de la tarde de este lunes se cerraba la incógnita de Arizona, proclamándose ganadora la demócrata Kyrsten Sinema.

Sinema se convierte así en la primera demócrata en representar al senado por Arizona desde 1988, además de ser la primera senadora abiertamente bisexual en la historia de Estados Unidos. “Seré una voz independiente para todo el pueblo de Arizona”, declaró Sinema a través de su cuenta de Twitter.

 

La pelea por Arizona ha sido dura, según cálculos de Associated Press, cerca de 200.000 votos estaban todavía por contar, lo que hacía suponer que no habría resultados muy posiblemente hasta el jueves. Durante el fin de semana, Sinema, había ampliado su ventaja sobre su contrincante republicana, Martha McSally. McSally lideró la carrera por un estrecho margen después de la jornada electoral del pasado martes, día 6, pero Sinema tomó la delantera cuando comenzó el recuento de votos en áreas de fuerte presencia demócrata como el condado de Maricopa. Una de las razones por las que el recuento del voto en Arizona se estaba demorando tanto era porque cerca de tres cuartas partes de los votantes de este Estado votaron por correo, y ese conteo tarda más en realizarse.

Por si votar no fuera ya un asunto bastante complicado en muchos Estados de la Unión, en algunos condados de Arizona se permite a los votantes que puedan solicitar revisar su voto hasta cinco días después de las elecciones, si creen que existe alguna diferencia entre la firma que figura en el sobre de voto y la firma que se rubricó en el momento en que se registraron en el censo. Ante la avalancha de posibles peticiones de verificaciones, se ha llegado a un acuerdo entre demócratas y republicanos para que el próximo miércoles 14 hayan dirimido qué votos se revisan y cuáles no.

 

Algo similar está sucediendo en Florida. Más de la mitad de los 67 condados que existen en ese Estado comenzaron un nuevo recuento el domingo por la noche en las ajustadas carreras al Senado y a la casa del Gobernador. En el condado de Broward, las autoridades han reconocido que en más de una veintena de votos que se realizaron por correo la firma del sobre no coincidía con la firma que existía en el archivo de registro de voto. Esa nimia veintena se ha mezclado con más de dos centenares de votos dados por buenos, por lo que sería injusto considerarlos todos nulos.

El candidato republicano al Senado y actual Gobernador, Rick Scott, aventaja a su contrincante demócrata por menos de 15.000 votos, aproximadamente un 2% de diferencia. El candidato republicano a Gobernador, Ron DeSantis, lleva ventaja sobre el demócrata Andrew Gillum con algo más de 40.000 votos, un 4%.

El secretario del Estado (autoridad electoral) de Florida, Ken Detzner, hizo oficial el sábado que la diferencia de votos existente hasta ahora entre los candidatos obliga a un recuento automático. Los resultados deben estar listos el próximo jueves por la tarde. Si después de ese recuento la diferencia sigue siendo de menos de 0,25 puntos, se hará otro recuento a mano. La pesadilla de Florida parece revivirse de nuevo, después de que en el año 2000 el futuro presidente de la nación dependiera de un puñado de votos de aquel Estado.

En Georgia, la primera mujer negra que podría llegar a la Gobernatura se niega a tirar la toalla. Según Stacey Abrams, existen miles de votos provisionales sin contar que podrían favorecerle. Brian Kemp, su contrincante -y que dimitió como secretario de Estado de Georgia tras la elección-, tiene un 1,5% de ventaja, lo que traducido en votos son algo más de 58.800.

La campaña de Kemp ha acusado a los demócratas de ignorar la voluntad del pueblo e “inventarse números” para mantener viva la carrera. “Las payasadas de Abrams son una vergüenza para la democracia”, aseguraban los republicanos en un comunicado.

Por su parte, Abrams acusa a Kemp de boicotear y restringir el voto de la población negra, clave para la candidata demócrata. En su anterior cargo, como secretario de Estado de Georgia, Kemp era el responsable de gestionar el voto. Los demócratas le acusan de torpedear la victoria de la que sería la primera gobernadora afroamericana de Estados Unidos.

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EL PAIS
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