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Amor Eterno

Hola, soy Paola Cahuana Landers del canal Origen y Sanación de la Artritis, y en esta oportunidad quiero dedicar este artículo a mi madre. Ella se llama Carmen, tiene 77 años y le decimos Carmincha. Se quedó huérfana cuando era tan solo una pequeñita de dos años de edad.

Me contó mi madre que una vez estuvo a punto de morir ya que iba a caer en una acequia. Afortunadamente, un ángel de cuatro patas llamado Pirulo, quien era su perrito, la vio asustada y agarrada de la rama de un árbol y corrió a avisarles con ladridos a las tías de mi mami de que ella estaba en peligro, desde allí supe que siempre ha sido una superhéroe.

 Mi madre, también me contó que cuando yo tenía cinco años y cursaba  el Kindergarten lloraba porque no quería quedarme allí. Ella llegaba tarde a su trabajo porque yo me colgaba de su vestido. Gracias   mami  por haber soportado mis berrinches en la niñez. En otra oportunidad  me narró que una vez  yo  participé en una obra teatral  de la escuela y me había disfrazado. Yo  tenía unos zapatos de   punta aguda  de material dunlopillo; bailé y me tomaron fotos.

Al finalizar ya estábamos afuera del teatro para irnos a casa y yo quise que me comprara una manzana acaramelada,  no la compró y yo me rompí la punta de un zapato y me puse a llorar. Generalmente ella no me dejaba comer dulces y yo le decía que era mala por ese motivo, y es que cuando somos niños queremos todos los dulces, chocolates y paletas del mundo pero mi mami sabía lo que hacía. Mi madre nunca  me dejó ir a la escuela sin desayuno, se levantaba temprano,  ella sabe cuál es mi platillo favorito y cual no, también conoce mi postre favorito.

Carmincha tiene una personalidad estable, es ecuánime y le gusta estar en diferentes actividades. Además cocina muy rico, canta en el Coro Polifónico de Piura -la ciudad donde vivimos- es soprano. Lo que  no le gusta es el desorden y  las mentiras. Ella me conoce tan bien que con solo ver mi rostro puede saber si estoy alegre, triste o ansiosa. Gracias mami por ser mi mejor terapeuta y amiga. Gracias  por haberme hecho reír con tus chistes y muecas cuando estuve  en cama. Gracias mami por haber borrado con una sonrisa la tristeza más profunda. Hoy, al contemplar a mi madre puedo ver en su mirada sabiduría, comprensión y cómo no decirle gracias si me llevó en su vientre durante nueve meses. Entre sus historias, me relató que casi nazco en la casa y que cuando llegó al hospital no demoré en nacer. Mami, tú me enseñaste a caminar y a escribir. Gracias por siempre estar en los momentos más importantes de mi vida. Gracias mami por haber aguantado mi etapa de adolescencia. Gracias por enseñarme a ser tolerante y por tus consejos que siempre retumban mis oídos. Mamita tú me enseñaste gratitud, me consolaste cuando me rompieron el corazón y me sentí abatida. Te agredeceré eternamente porque te debo todo lo que soy. Me enseñaste a levantarme  cuando ya no quería continuar viviendo. Gracias madre por haber soportado mis crisis de dolor con tus masajes, abrazos y besos, que me dieron bienestar. Y es que tu amor me hace bien, tu amor  sana. Tú, mamita, me enseñaste a perdonar y a aceptar mis errores. Me enseñaste  a no perder la fe en Dios y a creer en mí.  Carmen, mi madre,  me ama y me acepta  como si nunca me hubiera equivocado. ¡Gratitud eterna para tí! Te amo.

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